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¿A qué sabrá un(a) Cuba libre?

¿A qué sabrá un(a) Cuba libre?

Alejandra Garzón Olano                                                                                                                

Cuba ha retornado al debate internacional desde las declaraciones de Trump sobre una posible intervención directa en la isla, pues desde la captura de Maduro en Venezuela podría hablarse de una intervención indirecta. El futuro de Cuba como estado socialista está en veremos (Robles & Adams, 2026) y parece haber un consenso silencioso sobre la inminente caída de su sistema político. Sin intentar deliberar sobre el carácter autocrático o democrático del sistema político cubano o su gobierno, considero que la caída de Cuba como la conocemos, por presiones económicas externas, implicaría consecuencias nefastas. En primer lugar, sería una pérdida para la narrativa global sobre la libre determinación de los pueblos y, en segundo lugar, sería la muestra fehaciente de la legitimidad otorgada por el sistema internacional a Estados Unidos validando su intervención en estados que tengan autonomía disidente.

Cuba ha tenido una postura crítica e incómoda en el sistema internacional, en la que ha incursionado en las distintas alternativas de autonomía en América Latina. Aunque contestataria, no la clasifico como autonomía secesionista, aludiendo a Puig, dado que Cuba no ha roto las relaciones con el centro a lo largo de sus 67 años de socialismo. A 2025, Cuba ha mantenido relaciones comerciales con países de la UE y China (Observatorio de Complejidad Económica, s. f.). Propongo la autonomía disidente como descripción de la política exterior cubana actual, pues Cuba desafía postulados tácitos del sistema internacional, como la alineación de desarrollo con la democracia liberal, siendo un referente en América Latina en esta oposición. A pesar de que el periodo de interés de esta reflexión es el 2026, creo pertinente considerar esta definición de política exterior cubana en periodos anteriores.

Cuba pareciera desafiar al capitalismo por su sistema político. Sin embargo, el Estado busca ampliar sus relaciones comerciales con otros países que estén interesados -y que deseen asumir el riesgo- de comerciar con ellos. A pesar del bloqueo unilateral estadounidense y las limitaciones comerciales que genera en Cuba, esto ha creado incentivos comerciales entre estados periféricos, impulsando sus economías. El bloqueo le permitió a empresas estatales y privadas del mundo tener oportunidades de comercio con Cuba. Además, amplía el catálogo de entidades bancarias y monedas plausibles para usarse en comercio internacional, así como condiciones asociadas a estos mecanismos. La autonomía disidente cubana no pretende romper relaciones con el centro, sino coexistir en el sistema mundo oponiéndose a prácticas hegemónicas e intervencionistas por parte de potencias.

Dadas las dificultades para comerciar con pagos, Cuba ha optado por intercambiar bienes y servicios a modo de trueque, aunque suelan clasificarse como relaciones comerciales de segunda categoría o caridad. Retomando a Quijano (2014), la configuración geopolítica de la producción global y sus negocios asociados vinculan a América Latina con los sectores primarios de la economía. Sin embargo, Cuba desafía esta configuración aprovechando el conocimiento de su ciudadanía y sus servicios como método de pago. Así, la isla desafía la colonialidad del poder en el comercio global a través de la ampliación de recursos para intercambiar en el mercado.

Los consensos sobre los sistemas políticos dignos de confianza van en detrimento de las relaciones con países que ejercen posturas distintas. Cuba carga con la dualidad de haber sido garante en procesos de paz, pero no ser lo suficientemente segura como para tener negocios prósperos con países que sí comercian con China, por ejemplo. Aunque la aversión al riesgo y esfuerzo que implica comerciar con la isla sea un desincentivo, evidencia la complacencia del sistema internacional con Estados Unidos y el poder que dicha situación le otorga.

Cuba deja en evidencia las contradicciones de países que dicen seguir los ODS, velar por el desarrollo socioeconómico de la humanidad, al tiempo que temen perder lucro en sus negocios con Estados Unidos. Mientras tanto, los cubanos están relegados a subsistir como pueden. ¿Acaso Cuba dependía más del petróleo venezolano que el resto de países dependen de la banca estadounidense o sus negocios bilaterales? ¿No es la interdependencia el propósito de los acuerdos comerciales?

A pesar de la resistencia cubana, su situación social puede colapsarla, dado que la movilidad social, disminución de la migración y dignidad de la ciudadanía están atravesadas por la estabilidad económica. A Cuba le interesa la articulación de las cadenas de producción con otros estados (Conferencia – diplomático de la  Embajada de Cuba, comunicación personal, 6 de febrero de 2026), más allá del intercambio comercial. Si el bloqueo asfixia económicamente a Cuba hasta llevarla a la quiebra, considero pertinente juzgar a Estados Unidos en cortes internacionales por tener una política de estado explícita que atenta contra la subsistencia de otro estado. La única supuesta amenaza que representa la isla es cultural, pues cuestiona una doctrina que Estados Unidos ha impuesto en otras partes del mundo. El argumento que correlaciona la crisis económica con el socialismo es desafiado todos los años por el voto mayoritario en la ONU a favor de Cuba sobre el levantamiento del bloqueo -una victoria cubana en la narrativa mundial-. Sin embargo, no hay iniciativas contundentes para enfrentar las sanciones estadounidenses ni maniobras para superar las dificultades comerciales en pro de dejar de presionar a Cuba hacia el colapso político y económico.

La caída de Cuba sería uno más de los fracasos del sistema internacional. Al tiempo, considero que el gobierno cubano podría presentarse como un estado más confiable, empezando por la actualización de sus datos abiertos y una conversación interna crítica de su propia situación. La pluralidad y garantía de libre expresión no son concesiones al gobierno estadounidense; son la piedra angular de la seguridad de los cubanos para su efectiva participación política. A fin de cuentas, la libre determinación de Cuba se limita estrictamente a los mismos cubanos.

Agradecimientos

A Uriel Cárdenas, por recomendarme el título para este texto.

Bibliografía

Conferencia – Diplomático de la embajada cubana. (6 de febrero de 2026) Universidad del Rosario.

Observatorio de Complejidad Económica. (s. f.). Cuba. Datos Históricos de 2018 a 2024. Recuperado https://oec.world/es/profile/country/cub?selector345id=2024&selector1879id=percentage&selector2796id=exportOption&selector2798id=2023

Quijano, A. (2014). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En Cuestiones y horizontes: De la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20140507042402/eje3-8.pdf

Robles, F., & Adams, D., C. (2026, febrero 8). El gobierno de Cuba ha durado 67 años. ¿Caerá bajo el mandato de Trump? The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2026/02/08/espanol/america-latina/cuba-gobierno-trump.html

 

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